La inteligencia artificial automatiza cada vez más tareas que hasta ahora ocupaban buena parte de la jornada, mientras que la presencialidad adquiere un nuevo sentido: reunirse para pensar, crear, decidir y hacer avanzar proyectos que necesitan algo más que una pantalla. Así lo explica Nieves Ramos, directora de Optimismus Coworking y experta en Recursos Humanos

Madrid, octubre de 2026. Redactar un primer borrador, resumir información, organizar datos, preparar una presentación o procesar determinados contenidos son tareas que la inteligencia artificial puede agilizar cada vez más. A medida que estas herramientas se incorporan al día a día profesional, una parte del trabajo que antes requería horas de dedicación individual puede resolverse ahora de forma más rápida y autónoma.
Este cambio está transformando la jornada laboral, pero también puede cambiar la manera de entender la oficina. Si la tecnología libera tiempo de las tareas más repetitivas, el espacio de trabajo gana importancia como lugar donde ese tiempo se convierte en conocimiento, colaboración y nuevas ideas.
La oficina deja así de ser únicamente el lugar donde cada persona ejecuta sus tareas para convertirse en un entorno que favorece una dimensión más amplia del trabajo: desde la concentración y la estructura diaria, hasta el intercambio espontáneo, el aprendizaje entre compañeros, la creatividad y la construcción de relaciones profesionales.
“La inteligencia artificial va a hacer que muchas tareas sean más rápidas y eficientes, pero eso no significa que necesitemos menos espacios para trabajar juntos. Al contrario, cuanto más podamos automatizar determinadas tareas, más valor adquiere todo aquello que sucede cuando compartimos un entorno profesional”, explica Nieves Ramos Sánchez-Mateos, directora de Optimismus Coworking y experta en Recursos Humanos.
Cuando la tecnología libera tiempo, la interacción gana valor
La clave es analizar qué hacemos con ese tiempo que la tecnología nos permite recuperar, ya que lo podemos convertir en la oportunidad ideal para trabajar de otra manera: compartir conocimiento, contrastar ideas, resolver problemas y avanzar en proyectos junto a otros profesionales.
Es precisamente ahí donde la presencialidad adquiere un nuevo valor. “La cuestión no es qué tareas va a hacer la IA por nosotros, sino qué hacemos nosotros con el tiempo que nos permite recuperar. La oficina puede ser precisamente el lugar donde ese tiempo se transforma en nuevas ideas, conversaciones y proyectos compartidos”, señala Ramos.
Una oficina aporta mucho más que una mesa de trabajo
El valor de acudir a un espacio profesional tampoco se limita a los momentos de colaboración. El propio entorno puede ayudar a establecer una rutina, separar el trabajo de la vida personal y generar unas condiciones adecuadas para concentrarse.
En un contexto en el que las herramientas digitales permiten trabajar prácticamente desde cualquier lugar, disponer de un espacio diseñado específicamente para la actividad profesional puede marcar una diferencia. La luz, el silencio, la ergonomía, la posibilidad de disponer de salas, la separación entre espacios de concentración y zonas comunes o simplemente salir del entorno doméstico forman parte de la experiencia de trabajar.
Optimismus, situado en la zona Conde Orgaz – Arturo Soria, ha identificado precisamente esta evolución entre los profesionales que utilizan sus espacios. El coworking se plantea como una alternativa para quienes buscan flexibilidad sin renunciar a un entorno profesional, a la comunidad o a las relaciones que surgen de compartir espacio.
“Una oficina no aporta únicamente un lugar físico. Aporta estructura, concentración, relaciones y una sensación de estar formando parte de una actividad profesional compartida. Hay cosas muy sencillas, como poder comentar una duda con alguien, cruzarte con otro profesional o tener un espacio preparado para una reunión, que hacen que la jornada sea diferente”, explica la directora de Optimismus.

El valor de lo que sucede entre conversaciones
Más allá de las reuniones formales, compartir un espacio facilita un tipo de aprendizaje difícil de reproducir en remoto: el que surge de observar, preguntar, intercambiar experiencias o escuchar cómo otros profesionales afrontan un problema.
Esta diversidad también se refleja en Optimismus, donde conviven profesionales independientes, pequeñas y medianas empresas y equipos de compañías internacionales que utilizan el espacio como sede o como base para desarrollar su actividad en Madrid. Esta convivencia entre perfiles y sectores favorece nuevas perspectivas y relaciones profesionales que pueden surgir de manera espontánea.
“Muchas ideas aparecen precisamente porque estamos cerca de otras personas. Una conversación, una pregunta o una perspectiva diferente pueden cambiar la forma en la que estamos abordando un proyecto. Esa riqueza es difícil de planificar y forma parte del valor de compartir espacio”, apunta Nieves.

Una nueva razón para estar en la oficina
La IA puede hacer más eficiente el trabajo individual, pero no sustituye la necesidad de crear vínculos, compartir conocimiento ni construir una cultura de equipo. De hecho, cuanto más automatizadas estén determinadas tareas, más importante resulta aprovechar el tiempo presencial para aquello que aporta valor al conjunto.
“Creo que vamos hacia una oficina con más sentido. No se trata de estar físicamente por estar, sino de que el espacio aporte a nuestra forma de trabajar concentración, inspiración, aprendizaje, conexión con otros o simplemente un entorno que nos ayude a organizar nuestra jornada”, explica la directora de Optimismus.
La oficina, por tanto, no desaparece con la inteligencia artificial, cambia su función y gana una nueva dimensión: sigue siendo el lugar donde trabajar, pero también donde compartir conocimiento, generar conexiones y hacer avanzar proyectos de forma colectiva.


